LESIONES SIN CONTACTO DEL LIG. CRUZADO ANTERIOR (LCA)

Cada vez aumenta el número de lesiones del Ligamento Cruzado Anterior, sobretodo en jóvenes atletas, con un pico de incidencia entre los 16 y 18 anos. Un 70% de dichas lesiones se realizan sin contacto. Las mujeres tienen mayor frecuencia por desventajas biomecánicas.

Tres de los factores que han ganado más atención en la literatura son: la desalineación postural, la debilidad muscular del miembro inferior y el control neuromuscular en ciertos movimientos como saltar, caer, pivotear, plantarse, cortar y decelerar.

Existe un mito de que las lesiones sin contacto del LCA ocurren solo por translación anterior de la tibia en el fémur, de ahí la obsesión con la relación de Isquiotibiales-Cuádriceps, dejando a un lado el énfasis en el fortalecimiento de los estabilizadores laterales de cadera en la corrección de defectos posturales mecánicos.

Los componentes cinemáticos de la mayor parte de éstas lesiones incluyen: ángulos reducidos en flexión de cadera y rodilla, aumento de la carga en valgo de rodilla, aducción y rotación interna del fémur en la tibia, sobreactividad del cuádriceps e inadecuada rigidez de rodilla. Dicho lo cual,  el mecanismo de lesión involucra múltiples planos de movimiento.

En el examen del fisioterapeuta, además de las pruebas típicas de rango de movimiento, fuerza, flexibilidad; debe evaluarse la marcha, el paciente parado y en un solo pie, así como en sentadilla.

Al ver al paciente de pie y en marcha uno debe evaluar la posición de la pelvis, la rotación excesiva del fémur, rotación tibial, genu valgo, recurvatum, pie pronado y plano.

Al pararse en un pie y al comparar en apoyo bilateral podemos evaluar de nuevo componentes como el pie plano, pronado, las rotaciones de tibia y fémur, la posición de la pelvis y la insuficiencia del glúteo medio (Trendelenburg).

Al evaluar la sentadilla con manos al frente o arriba de la cabeza se observa de nuevo la posición de la pelvis y su relación con el tronco, si hay rotación interna o aducción del fémur, genu valgo, pronación o pie plano. De todas éstas observaciones podemos evaluar la necesidad de ortesis correctivas o incluso los nuevos zapatos de control de movimiento (en mecedora). Esto aumentará la activación de los estabilizadores laterales de cadera y mejorará la transición de alineación estática a actividades dinámicas.

De la misma forma que una lesión de hombro por lanzamiento en el atleta requiere de estabilidad escapular para corregir fallas biomecánicas, así debe lograrse el control distal (de la rodilla) mediante la estabilidad proximal (de cadera: abductores y rotadores externos).

Ya que el paciente cuente con un rango de movimiento indoloro es necesario comenzar el programa de estabilidad lateral de la cadera con movimientos como la sentadillas, step en diferentes ángulos y reentrenamiento neuromuscular.

Este consiste de ejercicios de equilibrio, pliométricos, de agilidad y de estabilidad dinámica. Finalmente el énfasis se centra en lograr movimientos  propios de su deporte: cortar, pivotear, caer, etc…en repetidas ocasiones y a diferentes velocidades para lograr su automatización.

Con colaboración de Nathan Saffels, PT, DPT, OCS.

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